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Ciclismo y Feminismo

Ya lo dijo Susan B. Anthony allá por 1896: “Te diré lo que pienso de la bicicleta. Pienso que ha hecho más por la liberación de las mujeres que ninguna otra cosa en el mundo.” Esta afirmación, ya en el s. XXI, resulta un tanto extraña, puesto que hoy día entendemos la bici de una forma muy diferente a cómo la veían a finales del XIX. Actualmente la bici se ve como un objeto de ocio, para el deporte o como un medio de transporte individual 100% ecológico, pero en aquel entonces fue una auténtica revolución cultural.

Para empezar hay que entender lo estricto de las normas sociales, cuando simplemente caminar deprisa, hablar muy alto o mover los brazos al hablar se consideraba llamar la atención y estaba muy mal visto. Imagínate entonces a una mujer del s. XIX en bicicleta… La mujer que se atrevía a hacerlo estaba conscientemente rompiendo las reglas establecidas. Era un auténtico escándalo que fue aún mayor cuando estas mujeres empezaron a llevar pantalones, los llamados “bloomers”. Muchas ciclistas de la época eran insultadas e incluso agredidas. Pero la bicicleta ponía a su alcance la posibilidad de desplazarse con libertad y rapidez en un mundo que las condenaba al enclaustramiento en la vivienda familiar.

Poco a poco la bicicleta se fue popularizando. Surgieron clubes femeninos para viajar en compañía, los médicos pasaron de opinar que el ciclismo era perjudicial para la mujer a recomendarlo como actividad saludable, y la imagen de una mujer ciclista representaba a “la nueva mujer”: La mujer moderna que rompió con las convenciones sociales e inició el cambio de rol de la mujer en la sociedad trabajando fuera de casa, huyendo del rol tradicional que le asignaba la sociedad, y políticamente activa en el movimiento sufragista femenino.

Pese a todo, con el paso del tiempo el mundo de la bici sigue siendo masculino, al menos en España donde el 70% de las personas que “a menudo” van en bici son hombres. En EEUU o Inglaterra las cifras son similares, pero el centro de Europa es diferente. En Holanda, donde el 27% de los trayectos diarios se realizan en bici, el 55% de los usuarios son mujeres mientras que en Alemania (12% recorridos urbanos sobre dos ruedas) está muy igualado: 51% hombres, 49% mujeres. Cuanto más ciclable es una ciudad, más mujeres tiene por sus calles pedaleando. Y así parece que el número de mujeres a pedales es un buen indicador de lo bicifriendly que es una población.

En ciclismo, como en feminismo, hemos avanzado mucho desde aquel tiempo en que a las mujeres nos agredían por ir en bici, pero sin duda aún nos queda trayecto por recorrer.

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